- 16 de julio de 2018 -
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Literatura: Accidente curioso en el cruce de Galvez

2016-09-28 | Agustin Alarcon
Por Joni Paz
 
Accidentes de tránsito 
 
No voy a perder tiempo en las descripciones de su cuerpo, su ropa, dentadura. Mejor voy derecho al grano.
 
Cuando detuve el auto en el cruce de las rutas, una seña precipitada me dejó sin pensar. Era una mujer. La primera sensación que tuve fue que ella había perdido el colectivo o algo así. Abrió la puerta con decisión, y entró sin culpa. Un perfume ordinario invadió el interior del auto. Me hice el distraído y conduje con la ventanilla baja.
-¿Para dónde vas? 
-Llevame hasta Arocena
Esas fueron las primeras palabras que dieron pie a las demás. 
-¿Perdiste el colectivo?, le pregunté tontamente
-No
-Y, entonces, ¿Qué hacías ahí? 
-Trabajo 
Nunca pensé que una situación tan obvia sería algo tan difícil de entender para mí en ese momento. Lo que pasó fue que me topó de sorpresa y me detuve como tratando de auxiliarla. Me dijo sueltamente las tarifas de sus servicios como si vendiera empanadas de jamón y queso, y enseguida le contesté.
 
-Ah, disculpa. Pensé que me parabas para otra cosa. ¿Te dejo acá nomas?
-No. Seguí. Ahora llevame hasta Arocena. 
 
Tenía una sensación extraña. Por accidente, estaba haciendo de taxi de una mina que me quería sacar al menos cien pesos por ya saben qué, soportando un olor barato. El tiempo se hizo bastante largo porque yo no hablaba luego de su declaración. Para agilizar, busqué algún diálogo. Le pregunté para qué se dedicaba a ese trabajo. Me costaba entender qué sentido tenía esa locura. Casi entrevistándola, quise inmiscuirme en su mundo. Sus respuestas brotaban tan pueriles que me sacaron las ganas. Unos kilómetros más se diluyeron cuando encendí la radio. Minutos después, me dijo:
 
-Dejame a unos metros de la garita. 
 
Gracias a dios, eso fue lo último que oí de ella. 
 
 

 

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