- 16 de julio de 2018 -
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Literatura: El señor que no creía en los pecados

2016-09-29 | Agustin Alarcon
Literatura
 
Por Julio Diaz
 
El señor que no creía en los pecados
 
Oír la campana de la iglesia me produce una sensación amarga en el estómago, diría, triste. Como si la iglesia estuviera llorando. No lo sé. Pero es un gusto crudo, a billete falso, a mirada perdida. 
 
Las sensaciones son difíciles de traducir en palabras. Trato de explicar que esas campanadas son un llamado para convocar voluntades débiles, sumisas a caer en la demagogia, en los mitos. Y a mi no me gustan los débiles, la pobreza mental. Por eso, quizá, el rechazo, la repugnancia. 
 
Encima ese olor que hay en las iglesias es casi kafkiano. Son tan altas las católicas, son tan abominables que me dan vértigo. ¿Por qué no prenden fuego esas porquerías? 
Diganmé: ¿Qué es eso de los pecados? ¿Existe otra herramienta más perfecta para manipular que la culpa? Acaso, ¿La iglesia no es otra cosa que un elemento para manipular a le gente? 
 

Está bueno deconstruir, cuestionar, y estar lejos cuando una de esas campanas suena. Y basta de tirar arroz a los novios che, que el 32% del país vive por debajo de la línea de pobreza. 

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